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Aro Volturi no pasará por
alto las habilidades de Bella,
pese a que ella aún es una
humana; está seguro de que
encontrará la manera de
unirla a sus ligas... Mientras
tanto, en un lluvioso pueblo
de Washington, una boda
se está planeando...

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La Saga de los Tudors

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La Saga de los Tudors

Mensaje por Ana Elizabeth Valerius el Lun Ago 09, 2010 11:14 am

Nombre del foro: La Saga de los Tudors
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Administrador: Maria Tudor
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Historia:

Spoiler:
Enrique VIII Heredó el trono a la muerte de su hermano, el príncipe Arturo, casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Era joven, bien parecido, de presencia atlética y muy inteligente; pero a la vez era egoísta, duro y cruel. Contrajo matrimonio con Catalina, viuda de su hermano. Dueño de un país tranquilo y próspero, todo hacía suponer que su reinado sería feliz. Enrique VIII ascendió al trono en 1509, tras la muerte de su padre. El padre de Catalina, Fernando II de Aragón, organizó el casamiento de ésta con el nuevo rey. Enrique VIII desposó a Catalina de Aragón nueve semanas antes de su coronación en Greenwich, el 11 de junio de 1509, dejando de lado los consejos del Papa Julio II, y de William Warham, arzobispo de Canterbury, en cuanto a la validez de tal unión. Fueron coronados juntos en la Abadía de Westminster el 24 de junio de 1509.

El primer embarazo de la reina Catalina terminó en un aborto en 1510. Luego dio a luz a su hijo, Enrique, el 1 de enero de 1511, pero el bebé sólo vivió hasta el 22 de febrero de ese mismo año. Con su coronación, Enrique VIII debió enfrentarse a las problemáticas consecuencias de los impuestos nobiliarios establecidos por Richard Empson y Edmund Dudley, miembros del gabinete de su padre. Hizo detener a ambos en la Torre de Londres, y posteriormente ordenó decapitarlos. Ésta fue una de las muchas maneras en que se diferenció de los principios de Enrique VII.
Otra diferencia se hizo notoria por la inclinación bélica de Enrique VIII, mientras que su predecesor había favorecido políticas pacíficas. En 1516 la reina Catalina dio a luz a una niña, María, renovando las esperanzas de Enrique de lograr un heredero varón, a pesar de los previos embarazos fallidos de su esposa. Fernando II murió en 1516, para ser sucedido por su nieto Carlos, sobrino de la reina Catalina. Para octubre de 1518, Thomas Wolsey había diseñado el Tratado de Londres con el papado, con la idea de conseguir un triunfo para la diplomacia inglesa, ubicando al reino en el centro de una nueva alianza europea con el ostensible objeto de repeler las invasiones moriscas a España, tal como había solicitado el Papa.

Durante los dos años posteriores a la ascensión de Enrique VIII, el obispo de Winchester, Richard Fox, junto a William Warham, controlaron los asuntos de Estado. De 1511 en adelante, sin embargo, el poder real fue ostentado por Thomas Wolsey. En 1511 Enrique se unió a la Liga católica, formada por dirigentes europeos opuestos al rey Luis XII de Francia. La liga incluía figuras como el Papa Julio II, el Emperador del Sacro Romano Imperio Maximiliano I, y los reyes españoles Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, con quien Enrique firmó asimismo el tratado de Westminster. Enrique se unió en persona al ejército; cruzó el Canal de la Mancha hacia Francia, donde tomó parte en escaramuzas y batallas. En 1514, Fernando abandonó la alianza, y las otras partes hicieron la paz con Francia. La consecuente irritación con España inició la discusión sobre un divorcio con la reina Catalina. Sin embargo, con la ascensión en 1515 del rey Francisco Ial trono de Francia, Inglaterra y Francia aumentaron su antagonismo, y Enrique se reconcilió con los reyes de España.

Mas aun así no lo fue aquí la reina dará fe con sus palabras lo que paso en su vida matrimonial. Catalina cuando solo tenia catorce años accedió al trono inglés, después de la muerte de su hermano que era el primogénito y de su padre. Detrás de su matrimonio con Enrique VIII se convertiría en la primera reina de Inglaterra que era de nacimiento español.
Catalina de Aragón fue la última hija de los Reyes Católicos. Su nacimiento fue recibido con inmensa alegría por los reyes (sobre todo por Isabel, cuyas otras hijas se hallaban alejadas de los compromisos dinásticos). La rubia y rosada infantina había nacido en un suntuoso dormitorio del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, magníficamente decorado, con sus muros tapizados y ornados con bellas pinturas y suntuosas colgaduras de terciopelo. Catalina había sido bautizada en la Colegiata de esa ciudad, por el ilustre Cardenal Pedro González de Mendoza.

Sus padres, luego de la toma de Granada, se habían alojado en el palacio árabe de Alcázar (una construcción maravillosa con jardines y fuentes de gran esplendor). En ese lugar vivió la mayor parte de su infancia. Fue educada por su madre, se caracterizaba por tener una inteligencia notable y fuerte carácter, que pronto se conjugarían con una figura y una prestancia dignas de una princesa. Esta niña cada vez mostraba más parecido con su madre, la reina Isabel.

Catalina como toda hija de reyes, era una pieza clave en los acuerdos matrimoniales que establecerían sus padres, según la conveniencia política para el reino.

En este sentido, Enrique VII, rey de Inglaterra y primero de la dinastía de los Tudor, para protegerse de los avances de Francia y asegurar su poder real –discutido por otros pretendientes al trono–, propuso a los reyes de Castilla una alianza de protección mutua contra el enemigo común. El acuerdo establecía a la quinta hija de los reyes castellanos, la pequeña Catalina (de tres años de edad) como posible prometida de Arturo (de sólo dos años) heredero de la corona inglesa, conjuntamente con la posibilidad de celebrar nupcias cuando ambos estuvieran en edad de hacerlo.

De esta manera, la pequeña fue presentada a los embajadores ataviada con un diminuto vestido de brocado bordado en oro y ornado con gemas. Sin embargo, aunque Fernando e Isabel accedieron al compromiso, le pusieron tan alto precio (puesto que su reino era muy superior al de Enrique) que el mantenimiento del pacto peligró. Finalmente se acordó que la dote de Catalina no sería muy elevada y si el príncipe consorte moría después de la boda, su esposa debía heredar un tercio de las recaudaciones de los condados de Chester Cornwall y Gales, lo que la convertiría en una princesa de gran fortuna.

A medida que Catalina fue creciendo, también fueron acrecentándose los intentos del rey por consolidar esta alianza, llegando a ofrecerse él mismo como futuro esposo (propuesta que Isabel rotundamente rechazó). Sin embargo, el Papa Alejandro VI ante los ataques franceses contra la sede apostólica, pidió ayuda a los monarcas españoles –a los que había entregado el titulo de Reyes Católicos–. Ante este requerimiento, los reyes consideraron crucial contar con el apoyo del rey inglés y para obtenerlo cedieron a la boda pactada.

De esta forma, en 1497 el largamente discutido acuerdo matrimonial entre Catalina de Aragón y Arturo Tudor fue finalmente firmado y confirmado por una ceremonia matrimonial celebrada en Inglaterra.

Superando los numerosos obstáculos que la reina Isabel sostenía a pesar de los acuerdos sellados, en 1501, a la edad de 15 años, Catalina debió ser enviada a Inglaterra donde Arturo (rubio y espigado príncipe) con tan sólo catorce años la estaba esperaba.

Catalina fue recibida en un primer momento con cierta sorpresa por el pueblo de Inglaterra. Se estima que su apariencia se asemejaba a la de una verdadera inglesa, quizás debido a su herencia física de su bisabuela Catalina de Lancaster. Al poco tiempo fue aclamada con entusiasmo. La aceptación del príncipe fue inmediata, sentimiento también compartido por la joven Catalina, quien pareció también sentirse complacida con su esposo.

En este sentido, a través del embajador español, Arturo envió un mensaje a los reyes católicos, expresando “que nunca había sentido mayor alegría en la vida que cuando contempló el dulce rostro de su esposa”. Y añadió que “ninguna mujer en el mundo podría resultarle más agradable”.

Incluso, hasta el mismísimo Sir Tomás Moro, el autor de la famosa “Utopía”, que se burlaba irónicamente de los españoles que formaban el séquito de la princesa, quedó impresionado ante la imagen de ésta: “Ah, pero la dama! Creed en mi palabra, encantó el corazón de todos,... posee todas las cualidades que constituyen la belleza de una jovencita encantadora. En todas partes recibe las mayores alabanzas...”

Sin embargo, esta felicidad no duraría. A los pocos meses de su matrimonio, una peste que asolaba la región atacó a ambos cónyuges: Catalina, fuerte y sana, se sobrepuso a la enfermedad, pero el débil Arturo no sobrevivió. Catalina a los 16 años se convirtió en viuda.

El debate en torno a este hecho fortuito, se establece en torno al dolor que la joven esposa transitaba ante la pérdida repentina de Arturo, que tenía hacia ella los más tiernos sentimientos, según lo expresara repetidamente. Sumado a que, retenida en la opaca corte inglesa, permanecía sin la fortuna prometida ni la devolución de su dote, quedando en triste soledad.

Enrique VII, a los fines de retenerla casi como rehén y no devolverle su dote, logró comprometerla con su otro hijo, llamado como él, Enrique, cuando contaba con sólo 11 años. Al respecto, se tramitó ante la Sede Papal una dispensa por causa del parentesco o una posible anulación del matrimonio con Arturo, pretextando que no se había consumado.

Luego de la muerte del Rey Enrique VII, su hijo tomo posesión del trono en 1509, con el nombre de Enrique VIII. A su vez, una vez obtenida la dispensa papal, Enrique, de 18 años y Catalina de 23, se unieron en matrimonio. La unión parecía ser un éxito: Enrique era un rubio y esbelto mozo del que Catalina poco tardó en enamorarse, y ella era una hermosa, culta y excelente esposa, que podría colmar todas las aspiraciones del joven soberano y que, para más, lo amaba aunque no era plenamente correspondida. Catalina, era una reina querida por el pueblo y respetada por la corte dadas sus excelentes cualidades.

Sin embargo, una sombra funesta oscureció la vida conyugal de estos reyes. A pesar de que el rey deseaba un heredero varón (con el objetivo de consolidar su trono y la dinastía Tudor), no logró obtenerlo. En seis ocasiones durante los 18 años que duró el matrimonio, solo sobrevivió una niña, a la que llamaron María, futura reina de Inglaterra y de España.
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Re: La Saga de los Tudors

Mensaje por Rosalie Hale el Mar Ago 10, 2010 3:29 pm

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